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domingo, 8 de noviembre de 2015

El espejo y la espada.




El espejo y la espada.

“En el santuario hay una espada”

Jorge Luis Borges

“El viejo bardo
Sueña con un espejo
Que no refleje”

Magnus Bolfort

Hoy he meditado bajo la sombra del  ginkgo sagrado.

El calor de la tarde  y el murmullo del río me han adormecido.

He visto en el agua del tiempo al viejo poeta ciego escribir un haiku,  nombrando un espejo y una espada que aún no existen.

 La luna, un tigre, el agua, la espada, un espejo, una flor, son sólo formas del tiempo, algunas puedo crearlas otras no.

Soy el maestro hacedor de espadas, del shogun.

 Debo completar mi destino, forjaré una espada y moldearé un espejo de metal, que luego enviaré al santuario de Ise.

Así cuando el poeta nombre estos objetos, ellos existirán, porque yo los hice.

Dentro de mil años, una espada y un espejo  reflejarán a un poeta que no puede ver su imagen.

Dentro de mil años alguien me imaginará y escribirá este relato para llenar sus noches y completar de otra manera el universo.

Lo que no sospecha el autor, es que de cierta forma yo lo he creado al nombrarlo y lo justifico. Tal vez, ambos, somos el producto de una noche de insomnio de un poeta, que sueña con espejos que se multiplican infinitamente.

lunes, 19 de enero de 2015

El otro lado



El otro lado

“Estoy solo y no hay nadie en el espejo”

Jorge Luis Borges

“Cuando uno se queda sólo y comienza a pensar y a escribir, descubre que la realidad está llena de grietas y que desesperadamente hay que llenarlas. Pero es una mera ilusión, la realidad es una delgada capa de hielo fragmentada sobre un río de nada. ¿Qué dios tan terrible pudo haber creado un mundo así?”

Magnus Bolfort

Desde que compré esta casa en el delta, para alejarme definitivamente de la ciudad, el pequeño bote de remos ha estado a la merced de la corriente y las mareas.

Miro desde la ventana, parcialmente cubierta por un sauce, el lento arrastrarse del rio por su cauce como si le costara seguir con su camino y quisiera detenerse y sentir cada centímetro de tierra. El río cuando nace imagina el lejano mar y a veces voluptuoso corre alocado y potente,  sin temor, pues es joven y el mundo es ancho y desconocido. Pero frente a mi casa, a veces el viento trae el rumor del mar y el aire huele a sal. Aquí el río, presiente su destino y corre despacio, deteniéndose en cada detalle, en cada sauce y en cada curva.

El pequeño bote continúa empecinado en soltarse, veo como se mueve impaciente en busca de nuevos rumbos.

Nunca estuve del otro lado del rio, con sus enormes árboles, sombrío y cerrado a las miradas de los cada vez más escasos turistas.

Abro la puerta de la pequeña casa y sin saber casi lo que hago, ya me encuentro remando en dirección al otro lado.

Mis brazos flacos de oficinista, se despiertan lentamente con el ruido del agua y los remos. El sol por primera vez en muchos  días, borra la bruma de mi cara y sin darme cuenta rio casi a pesar mío.

Remo hasta casi quedar extenuado, el sol brilla en lo alto y las nubes en el cielo siguen su propio río, tal vez sin darme cuenta sigo un río secreto mientras atravieso otro de aguas oscuras.

 ¿Me daré cuenta cuando llegue a mi mar?

Del otro lado del río desembarco, y camino por un sendero abandonado. Los árboles parecen cerrar filas ante el intruso. A pesar de sus esfuerzos, logro abrirme paso y a lo lejos puedo ver una casa semiderruida y cubierta de vegetación pero que aún conserva parte de su antiguo esplendor.

Sin saber la razón  me quedo a vivir allí, camino por el jardín descuidado hace largo tiempo y descubro la fuente del fondo. Allí descansa de tanto vuelo un viejo Cupido olvidado que parece recuperar la sonrisa al verme. Reparo la fuente y la limpio, el susurro del agua vuelve a tocar su antigua música nunca repetida y los ecos se repiten cristalinos llenando la casa mientras la fuente devuelve facetas del cansino andar de las nubes.

Los pájaros vuelven y visitan el anticuado jardín, mientras el viento llena la vieja galería, que lentamente se cae a pedazos.

Observo el río, mientras el bote atado, incansable con urgencia quiere liberarse.

Estoy del otro lado, solo, con mi conciencia, que tal vez sea un mero reflejo secreto, un artificio. El universo parece apunto de revelarse a sí mismo pero es sólo una ilusión.

Los espejos de la casa, oscuros, devuelven oscuridad y vacío, por un segundo siento miedo, cuando la sombra del sauce cruza la ventana. La oscuridad y el miedo están conectados, pero a veces sólo la luz puede ser más terrorífica y mucho más mortal, es un instinto atávico, inmemorial. Ahora sé que si la luz me alcanza voy a desaparecer completamente, moriré.

Estoy del otro lado pero me pregunto, mientras las nubes y el río continúan su lenta carrera y todo cambia y nada cambia, si la realidad, el espacio y el tiempo son sólo otro espejo, otro lado del río.

Llueve suavemente, lentamente, una lluvia de verano. El viento levanta algunas olas perezosas y lo observo todo a través de la ventana, mientras unas gotas  resbalan y ya no siento nada.

El bote ya no está, por fin se ha liberado, y yo me quedo a vivir del otro lado.

domingo, 5 de octubre de 2014

El vuelo



El vuelo

“¿Acaso el destino preservaba mi razón sólo para arrastrarme irresistiblemente a un final más horrible e impensable de lo que haya podido soñar nadie?”

Howard Phillips Lovecraft

Teresa Barnes, sufría una grave enfermedad. Siempre había sido muy independiente, pero ahora necesitaba volver a ver su familia. Ansiaba tanto reunirse con su familia, hacia tantos años que no veía a sus padres.

Decidió tomar un avión,  y relajarse en el vuelo, durmiendo un poco. El vuelo no era muy largo aproximadamente una hora y media.
Fue así como poco después de subir al avión, sintió sueño y se quedó dormida, a pesar del bebé que lloraba y los niños que jugaban en asientos cercanos al suyo.

Teresa no sabía que la había despertado, tal vez fue la falta de ruido. Cuando se despertó no sintió al bebe llorar, ni ruidos de ningún tipo. Se sentía algo mareada, y cuando se despejó un poco empezó a mirar en todas direcciones.

El avión estaba vacío.

Se asustó tremendamente y se sentía descompuesta. Pero antes que el pánico se apoderara de ella, pensó que el vuelo había aterrizado y que se habían olvidado de despertarla.

Pero al ver por la ventanilla vio que el aparato seguía en vuelo.

Lentamente el terror se apoderaba de ella. Todo estaba brillantemente iluminado, se sentían los motores, y los monitores pasaban las típicas películas de entretenimiento.
Se levantó y camino por el pasillo hacia el compartimiento de las azafatas, pero al llegar vio que no había nadie, pero el café estaba recién preparado.

Continúo caminando hacia la cabina de los pilotos. La puerta estaba cerrada pero no completamente, eso era muy extraño. Golpeó la puerta pero nadie contesto. Empujo la puerta y vio la cabina. No había nadie. Aparentemente el avión  estaba en piloto automático, y atravesaban una densa cortina de nubes irreales.

Las luces titilaban y el timón se movía lentamente, el avión estaba completamente vacío. Todo estaba limpio y acomodado, no había habido ningún accidente, ni alarma, simplemente la gente no estaba.

No era posible, no era posible se repetía a sí misma, parada en el pasillo del avión que viaja en un mar de nubes.

Teresa Barnes tenía razón no era posible, su cuerpo reposaba en la clínica de estasis “Nueva Vida”. Esta clínica de estasis ofrecía el servicio habitual a pacientes terminales, que querían esperar a que apareciera un tratamiento personalizado para su enfermedad, pero ofrecían algo más un sueño personalizado. Mediante estímulos directos al cerebro las computadoras programadas previamente podían despertar recuerdos e inclusive simular distintas experiencias a elección del paciente.

Cuando el tratamiento curativo era desarrollado y aprobado, el paciente era despertado para que pudiera ser curado, podían pasar dos años o cincuenta.

Teresa había elegido un sueño sencillo, volver a ver a sus padres, volver a la vieja casa de su infancia, disfrutar de unas vacaciones relajantes.

Desafortunadamente para Teresa Barnes, un error en el código del programa, un bucle que se repetía una y otra vez, la obligaba a seguir soñando que viajaba en el avión. Pero el programa estipulaba que el vuelo solo duraba unas pocas horas y por lo tanto borraba a los pasajeros, azafatas y pilotos. La mente de Teresa Barnes había quedado atrapada en un bucle infinito.

Dos años después de ingresar al instituto, Teresa Barnes fue despertada, para iniciar el tratamiento que la curaría y le permitiría retornar a su vida.

El único problema es que estaba loca completamente loca.